jueves, 26 de enero de 2017

MIS ENEMIGAS


Número uno: Las ideas, no entienden de horarios de descanso, de silencios y de momentos de distracción. Me atacan una y mil veces, y no tengo que esperar a comerme las uñas, quedarme sin internet y perder la vista al viajar, no. Ellas llegan solas, cuando cierro mis ojos y trato de descansar.

Quería dormir, perderme en el horario y darle descanso a mi cabeza que funciona a veces como una bendita naranja mecánica… Pensaba en el ideal de descanso:             << ¿con amitriptilina o resultado del cansancio?>>. Tal vez una almohada cómoda, o tres;  dos cojines perdiendo el tiempo en mis piernas. El arrullo del ventilador y la oscuridad constante.
*Otra enemiga, número dos: la lámpara de noche, esa que fue pensada para no molestar y funcionar a pilas... artefacto maléfico que le envía un mensaje a mi cerebro,  -- dale, tranquila, enciende el pc a la hora que quieras, no necesitas encender todas las luces, soy útil y práctica--

*El portátil… (Un suspiro aparte para él), gracias a Dios no lo meto en el baño, pero se ha adueñado de mi cama, de mi tiempo, de mi escritorio, de mi bolso y de mi vida; cada tanto se la vive luchando contra la cartuchera de maquillaje por espacio dentro de mi bolso. Y es ambicioso, no le basta su intento de pequeño tamaño, quiere acaparar todo mi bolso con  el espacio del cargador y ahora de un mouse.

*La cartuchera de maquillaje, sigo mintiéndome con la excusa de  “es necesario” sí,  lo es… ¿qué sabio puede adivinar con qué humor se levanta una mujer para escoger el labial del día?! Nadie, nunca,  lo podrá saber.

Al menos ya no hay solo colores rojos, y por más que trato al sentirme alquimista cambiando frascos y jugando con la creatividad al pasar los tamaños más grandes de polvos, sombras, bases entre otras. Termina pensando el equivalente a un quintal de arroz... ¿No sé cómo pueden mis hombros soportar tanto?

Curioso ver cómo he intentado “ser practica” viajando, pero siempre me sorprenden las -sí son necesarias. Necesitaré terapia para mejorar mi apego <<anota un to-do list>> en la próxima consulta al psicólogo.

Y no quería escribir sobre eso la verdad. Quería contar que mis días parecen más extensos, que extraño cada vez más mi cama, que siento que no voy a poder; ¿Comidas a deshoras?  (Me rio en sus narices).

*Intentar manejar a la oficina desde el teléfono y al mejor estilo de tele trabajo: Buena suerte con eso.

*Asistir a clases y entregar trabajos a tiempo: good luck

No es mi intención no revisar redes, o dejar en visto ciertos mensajes de wasap; es cierto que esto es un proceso, me estoy adaptando y no sé cuánto me tarde, o si vale la pena dejar las horas pasar tan rápido detrás del “siempre estoy ocupada”

Asear la habitación>Cocinar> Lavar esos platos> Lavar la ropa>Secarla y organizarla
Sin mencionar la extenuante tarea de escoger qué vestir y con qué accesorios y zapatos acompañarla... ¿dónde está mi otro arete verde de rombo?

Fácil dejar la ropa sucia en todas partes, no ordenar la cama y que los accesorios encuentren nuevo mejor amigo en cualquier sitio del piso o del escritorio; que las cremas se pierdan entre los útiles y la ropa interior limpia colgada junto a aquel vestido que hace un año no me pongo.

Y el pelo…Dios, el eterno pelo: limpio, liso y controlado (es el Deber- ser ¿no?  Y el orden normal de la vida), Si miro donde piso <<pelo>>, entre almohadas, en la ropa, siempre me sorprende una hebra en cualquier lugar de la habitación. ¿Con quién peleo? No me peinaré entonces y ¡San! Se acabó.

Alguien que me quiere mucho me dijo: “El temor es la única manera de saber que ya tu fuerza humana es incapaz, por eso Dios nos permite el temor, para depender de ÉL y su gloria pueda verse reflejada en tu aflicción. Esfuérzate y ¡se valiente! ”



Y así voy, siendo valiente.