Número uno: Las ideas, no
entienden de horarios de descanso, de silencios y de momentos de distracción. Me
atacan una y mil veces, y no tengo que esperar a comerme las uñas, quedarme sin
internet y perder la vista al viajar, no. Ellas llegan solas, cuando cierro mis
ojos y trato de descansar.
Quería dormir, perderme
en el horario y darle descanso a mi cabeza que funciona a veces como una
bendita naranja mecánica… Pensaba en el ideal de descanso: <<
¿con amitriptilina o resultado del cansancio?>>. Tal vez una almohada cómoda,
o tres; dos cojines perdiendo el tiempo
en mis piernas. El arrullo del ventilador y la oscuridad constante.
*Otra enemiga, número
dos: la lámpara de noche, esa que fue pensada para no molestar y funcionar a
pilas... artefacto maléfico que le envía un mensaje a mi cerebro, -- dale, tranquila, enciende el pc a la hora
que quieras, no necesitas encender todas las luces, soy útil y práctica--
*El portátil… (Un
suspiro aparte para él), gracias a Dios no lo meto en el baño, pero se ha
adueñado de mi cama, de mi tiempo, de mi escritorio, de mi bolso y de mi vida;
cada tanto se la vive luchando contra la cartuchera de maquillaje por espacio
dentro de mi bolso. Y es ambicioso, no le basta su intento de pequeño tamaño,
quiere acaparar todo mi bolso con el
espacio del cargador y ahora de un mouse.
*La cartuchera de
maquillaje, sigo mintiéndome con la excusa de “es necesario” sí, lo es… ¿qué sabio puede adivinar con qué humor
se levanta una mujer para escoger el labial del día?! Nadie, nunca, lo podrá saber.
Al menos ya no hay solo
colores rojos, y por más que trato al sentirme alquimista cambiando frascos y
jugando con la creatividad al pasar los tamaños más grandes de polvos, sombras,
bases entre otras. Termina pensando el equivalente a un quintal de arroz... ¿No
sé cómo pueden mis hombros soportar tanto?
Curioso ver cómo he
intentado “ser practica” viajando, pero siempre me sorprenden las -sí son
necesarias. Necesitaré terapia para mejorar mi apego <<anota un to-do list>>
en la próxima consulta al psicólogo.
Y no quería escribir
sobre eso la verdad. Quería contar que mis días parecen más extensos, que
extraño cada vez más mi cama, que siento que no voy a poder; ¿Comidas a
deshoras? (Me rio en sus narices).
*Intentar manejar a la
oficina desde el teléfono y al mejor estilo de tele trabajo: Buena suerte con
eso.
*Asistir a clases y
entregar trabajos a tiempo: good luck
No es mi intención no
revisar redes, o dejar en visto ciertos mensajes de wasap; es cierto que esto
es un proceso, me estoy adaptando y no sé cuánto me tarde, o si vale la pena
dejar las horas pasar tan rápido detrás del “siempre estoy ocupada”
Asear la habitación>Cocinar>
Lavar esos platos> Lavar la ropa>Secarla y organizarla
Sin mencionar la extenuante
tarea de escoger qué vestir y con qué accesorios y zapatos acompañarla... ¿dónde
está mi otro arete verde de rombo?
Fácil dejar la ropa
sucia en todas partes, no ordenar la cama y que los accesorios encuentren nuevo
mejor amigo en cualquier sitio del piso o del escritorio; que las cremas se
pierdan entre los útiles y la ropa interior limpia colgada junto a aquel
vestido que hace un año no me pongo.
Y el pelo…Dios, el
eterno pelo: limpio, liso y controlado (es el Deber- ser ¿no? Y el orden normal de la vida), Si miro donde
piso <<pelo>>, entre almohadas, en la ropa, siempre me sorprende
una hebra en cualquier lugar de la habitación. ¿Con quién peleo? No me peinaré
entonces y ¡San! Se acabó.
Alguien que me quiere
mucho me dijo: “El temor es la única manera de saber que ya tu fuerza humana es
incapaz, por eso Dios nos permite el temor, para depender de ÉL y su gloria
pueda verse reflejada en tu aflicción. Esfuérzate y ¡se valiente! ”
Y así voy, siendo
valiente.
